“El Mundial que se juega fuera de la cancha”
Mientras la pelota rueda en el Mundial 2026, otra disputa, menos visible pero igual de determinante, se desarrolla detrás del espectáculo. Esa fue la reflexión del periodista y escritor Carlos Aira, quien advirtió que el torneo ya no puede entenderse únicamente desde el juego: el fútbol quedó atravesado por intereses comerciales, lógicas de consumo y estrategias globales que muchas veces condicionan lo que sucede dentro del campo.
Aira recordó que, tras el escándalo del FIFA Gate en 2015, el centro de gravedad del negocio futbolístico se desplazó hacia Estados Unidos. Según su mirada, las pausas de hidratación incorporadas en la competencia responden más a necesidades publicitarias que deportivas. En esos minutos de interrupción, dijo, proliferan anuncios vinculados a apuestas, un fenómeno que alimenta la preocupación por el crecimiento de la ludopatía juvenil.
Sin embargo, en medio del mercado y el merchandising, el juego sigue ofreciendo motivos para el asombro. El periodista destacó que el fútbol actual se ha vuelto más complejo: exige inteligencia táctica, velocidad y capacidad cognitiva. Ya no alcanza con el talento individual. Los equipos considerados «pequeños» redujeron distancias con las potencias y demostraron que el orden, la disciplina y la ocupación inteligente de los espacios pueden equilibrar fuerzas.
El ejemplo más contundente fue Cabo Verde, capaz de incomodar a una selección poderosa como España. Para Aira, lejos de un supuesto «emparejamiento hacia abajo», el fútbol se está emparejando hacia arriba.
Entre cortes reglamentarios, publicidad invasiva y nuevas exigencias tácticas, el Mundial expone una tensión permanente: la lucha entre el negocio y la esencia. Aun así, el viejo encanto persiste. Porque, pese a todo, cuando la pelota empieza a rodar, el juego todavía conserva su capacidad de emocionar.