Cuando el poder se disfraza de bondad | Puentes de Dialogo.

Un discurso que entrelaza religión, política y poder propone una lectura crítica del presente, donde la espiritualidad aparece como resistencia frente a lógicas de dominación.

En un tono que combina reflexión teológica y análisis político, el planteo recupera una vieja tensión de la historia: la oposición entre los profetas y los imperios. Según esta mirada, los primeros encarnan un orden basado en la virtud, la sabiduría y el bien, mientras que los segundos se sostienen en mecanismos más terrenales: el miedo y la coacción.

La idea no es nueva, pero adquiere actualidad en un contexto global atravesado por conflictos y disputas de poder. Los imperios —se sostiene— no se presentan como tales, sino que construyen relatos de legitimidad: se muestran como portadores del bien, promotores del desarrollo o defensores frente a amenazas construidas. En esa narrativa, la dominación se disfraza de misión.

Frente a esto, la figura profética aparece como contracara. No impone, no somete, no recurre al terror ni al soborno. Su כוח —su fuerza— reside en la persuasión y en una autoridad moral que, sin embargo, depende de la aceptación voluntaria de las personas. El libre albedrío se convierte así en un límite: sin adhesión, no hay posibilidad de instaurar ese “orden benigno”.

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