En una entrevista cargada de definiciones políticas y advertencias geopolíticas, el médico sanitarista y militante peronista Jorge Rachid analizó en #InformeDePájaros el escenario argentino en torno al supuesto acuerdo con Estados Unidos, la disputa por los recursos naturales y el deterioro de la soberanía nacional. Desde el inicio fue tajante: “No hay un acuerdo, hay una subordinación”, afirmó, cuestionando la alineación automática del gobierno argentino con las potencias occidentales.
Rachid trazó un extenso recorrido histórico para explicar lo que describe como una pérdida progresiva de autonomía estatal que comenzó con el Consenso de Washington y se consolidó, según su mirada, con la reforma constitucional de 1994, que fragmentó la salud, la educación, los recursos naturales y la seguridad social. Esa ruptura estructural —sostuvo— impidió que el Estado pudiera construir políticas nacionales de carácter igualitario. El resultado es una Argentina profundamente asimétrica, donde la expectativa de vida puede variar entre cinco y siete años según el lugar de nacimiento.
El sanitarista fue más allá y vinculó el nuevo entendimiento con Washington con una posible reorganización estratégica del territorio argentino. Advirtió que, bajo el marco de la Ley Bases, se podría avanzar hacia un esquema de “cuatro zonas económicas” que, en sus palabras, abriría la puerta a una partición funcional del país. A ello sumó un diagnóstico de continuidad institucional con la dictadura: “Hay leyes de la dictadura que aún ordenan la economía y habilitan la financierización que nos quita soberanía”, señaló.
Consultado por el retroceso en materia ambiental y la reforma a la Ley de Glaciares, Rachid sostuvo que la defensa de los bienes comunes exige tres niveles: la movilización popular, la disputa política y la construcción de un proyecto de poder capaz de modificar el andamiaje constitucional que sostiene el modelo extractivo. “No alcanza con resistir. Hay que plantear hacia dónde vamos, construir esperanza”, reflexionó.
En clave regional, alertó sobre un reacomodamiento de las derechas latinoamericanas y la presión de Estados Unidos sobre los recursos estratégicos del continente, desde el litio hasta el agua dulce y la cordillera glaciar. Para Rachid, el escenario recuerda a un “nuevo Plan Cóndor”, ahora orientado al control económico y territorial.
En el tramo final, dejó una definición que atravesó toda la conversación: “La democracia no puede suicidar a la patria. Si el instrumento está gastado, hay que cambiarlo para que vuelva a servir al pueblo”. Entre críticas, diagnósticos y advertencias, Rachid insistió en un punto: sin un proyecto nacional que reconstruya el sentimiento patriótico, la soberanía seguirá en retroceso.