En una entrevista exclusiva con #AVosPatria el periodista y escritor chileno Andrés Figueroa Cornejo trazó un crudo panorama sobre la situación que atraviesa el pueblo mapuche en el sur de Chile, tras más de tres años de militarización continua en su territorio ancestral, el Wallmapu. “Estamos hablando de un estado de emergencia que funciona en realidad como un estado de sitio encubierto”, advirtió.
El diálogo comenzó abordando la reciente renovación del estado de excepción por parte del gobierno de Gabriel Boric, que se aplica sobre una vasta región del sur chileno. “El Estado chileno llama ‘megazona’ a gran parte del territorio histórico mapuche, hoy militarizado bajo una figura jurídica que faculta a las Fuerzas Armadas a actuar con casi completa impunidad”, explicó Figueroa Cornejo. El trasfondo es claro: proteger intereses extractivistas de empresas forestales, hidroeléctricas, salmoneras y agroindustriales.
La respuesta del pueblo mapuche ha sido diversa, pero persistente. Según Figueroa Cornejo, “hay más de 100 presos políticos mapuche y al menos cuatro organizaciones político-milicianas ligadas a la liberación nacional”. La resistencia ancestral ha adoptado estrategias que evocan al ludismo: “no atacan a trabajadores, destruyen máquinas. Es una violencia selectiva contra la infraestructura del capital”, detalló.
Uno de los ejes centrales de la charla fue la Comisión Presidencial de Paz y Entendimiento impulsada por el gobierno de Boric. Para Figueroa Cornejo, “no fue consultada con todas las comunidades; el gobierno creó interlocutores funcionales a su objetivo”. El plan propone devolver apenas 300 mil de los 10 millones de hectáreas que conforman el Wallmapu. “Muchos mapuches que se han subordinado al Estado son vistos como ‘yanaconas’, traidores históricos”, expresó.
Consultado sobre las diferencias internas en la lucha, explicó: “Existen disidencias tácticas, pero no estratégicas. Todos están de acuerdo con recuperar la tierra y que se les deje vivir a su manera, como pueblo nación”.
El periodista también trazó un paralelismo histórico con la llamada “pacificación de la Araucanía” en el siglo XIX: “Fue parte del mismo proceso de expansión territorial que en Argentina se llamó la ‘guerra del desierto’. Los Estados chileno y argentino actuaron como potencias colonialistas al unísono”.
Sobre el final, se refirió a las masivas movilizaciones docentes en Santiago, apuntando contra la desinversión estatal: “El Estado no invierte en educación pública porque no necesita trabajadores calificados. No tenemos industria productiva. Por eso Chile salió último en matemáticas en las pruebas de la OCDE”. Antes de despedirse, Figueroa agradeció el espacio y dejó una reflexión contundente: “La unidad entre los mapuches de ambos lados de la cordillera nunca se ha perdido. Puede debilitarse, pero siempre vuelve a fortalecerse”.